Por Obdulio Menghi, Presidente

 

Todo proceso de extinción se inicia en un momento determinado y obedece a variadas causas a veces independientes o en ocasiones interrelacionadas. Su origen puede ser simplemente natural o en muchos otros casos se inicia por causas artificiales ajenas a la capacidad intrínseca de supervivencia de la especie, como son la destrucción del hábitat o por una sobre explotación sistemática por parte del hombre: las poblaciones de la especie comienzan a disminuir en forma continuada en número de individuos, su capacidad reproductiva decrece, las poblaciones se aíslan y eso provoca que la especie se considere rara, vulnerable, en peligro y finalmente extinta.

El hombre ha utilizado desde tiempos remotos las plantas y animales en su beneficio. Es un hecho histórico que es paralelo al desarrollo de las diferentes culturas y sociedades humanas. Los otros seres vivos que nos rodean, han sido fuente de alimento y vestido, material de construcción, medicina, ornamento e incluso vehículo espiritual de comunicación con la divinidad.

Muchas de las guerras en las que la humanidad se ha visto inmersa, han tenido un origen de índole comercial por el control de determinados recursos. No olvidemos que la búsqueda de nuevas rutas comerciales para unir Europa y Asia, en busca de especias, fueron las que descubrieron el continente americano. El papel del comercio como motor de la historia es indudable, así como los cambios culturales y sociológicos que se han producido en diferentes sociedades humanas a causa de intercambios comerciales de recursos naturales.

El comercio no es intrínsecamente dañino, sin embargo, desde una perspectiva histórica global podría afirmarse lo contrario. El problema radica en que, en numerosas ocasiones,  la utilización de los recursos naturales no es la adecuada y carece de racionalidad. El aumento de la capacidad tecnológica destructiva de nuestra sociedad y un espectacular desarrollo del consumismo, han provocado daños irreparables a diversas especies de la fauna y flora de nuestro planeta.

Hay varios ámbitos comerciales en los que se pueden encontrar ejemplos de utilización desordenada de los recursos naturales, poco rigurosa en su concepción y devastadora en su ejecución. Hablamos de los productos farmacéuticos y cosméticos, la moda en el vestir, la decoración, la alimentación, algunas pesquerías y los animales de compañía.

La industria cosmética y la farmacéutica, por ejemplo, recurren ampliamente al comercio de recursos naturales para cubrir sus necesidades de investigación y desarrollo. Los laboratorios, centros de investigación, hospitales y universidades también utilizan materiales procedentes del medio natural para realizar sus estudios sobre productos farmacéuticos. Miles de animales y plantas están involucrados en este proceso, ya sea como donantes de la materia prima que componen el producto, o como “testigos” sobre los cuales se prueba su efecto. El uso de seres vivos para curar nuestro cuerpo, que en gran medida podría efectuarse en forma sostenible y beneficiosa, en muchos casos ha producido graves desequilibrios y a veces la extinción del recurso.

Pero no sólo la industria farmacéutica tecnológicamente desarrollada es culpable. La medicina tradicional, ampliamente implantada en los países en vías de desarrollo también participa en el proceso: por ejemplo la utilización de huesos de tigre y de cuerno de rinoceronte, muy apreciados en los países asiáticos han llevado a esas dos especies a que corran actualmente un grave peligro de extinción.

Otro comercio controvertido es el de la moda: el uso indiscriminado de pieles, abrigos, zapatos, bolsos, carteras, etc. fueron una catástrofe para la fauna desde comienzos del siglo XX hasta  finales de la década del 70. Si bien estamos refiriéndonos a especies concretas de animales y/o plantas, es conveniente tener presente que las especies no son algo aislado sino un elemento más de los ecosistemas. Finalmente, algunas pesquerías conducidas sin tomar en cuenta los modelos matemáticos que generalmente existen para hacer de ellas una actividad racional han conducido a diversas especies de peces al borde de su extinción comercial. Cabe señalar que la pérdida de la diversidad biológica se entiende, en su sentido más amplio, no sólo como diversidad genética o diversidad de especies sino también y sobre todo como diversidad de ecosistemas.

La CITES

Habida cuenta de la situación arriba esbozada, en la primera reunión mundial sobre Medio Ambiente de 1972, en Estocolmo, Suecia,  la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) formuló un llamado de atención a los países presentes, sobre el papel negativo que jugaba el comercio en la supervivencia de la fauna y flora mundiales y expresó el deseo de que se elaborara un tratado de colaboración que pusiera coto a ese enorme y serio problema. Los países presentes en Estocolmo, deciden entonces reunirse un año más tarde en Washington, DC, Estados Unidos y el 3 de marzo de 1973 se elabora el Tratado que nos ocupa, el cual entra en vigor después de la décima ratificación (Uruguay) el 1 de julio de 1975.

Es así como, a partir de esta última fecha, las autoridades de Estados Unidos pudieron sentenciar a un traficante de fauna a un año de cárcel por tráfico ilegal de loros africanos en ese país; las autoridades alemanas arrestaron a un traficante de reptiles de Madagascar a Alemania; las autoridades de Venezuela constataron que dos permisos CITES perfectamente válidos no habían sido utilizados para los envíos correspondientes de pieles de caimán con el objeto de utilizarlos en otra oportunidad para cubrir pieles ilegales de esa u otras especies, los permisos entonces fueron anulados. Estas acciones internacionales, de las cuales se citan unos muy pocos ejemplos, se basan en un único instrumento jurídico: La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, sigla del acuerdo en idioma inglés) aunque también conocida como Convención de Washington en los países de habla francesa.

Actualmente 175 países son Partes en CITES, cubriendo así la mayor parte de los principales países exportadores e importadores de fauna y flora silvestres del mundo.

El objetivo de la Convención es controlar y reglamentar a nivel mundial el comercio de animales y plantas vivos así como sus productos y derivados, reconociendo así, que una de las principales amenazas que pesa sobre la vida silvestre es la explotación comercial sin control.

Para garantizar la protección, las especies de fauna y de flora consideradas amenazadas se listan en tres Apéndices (I, II y III) de acuerdo con el grado de protección que se convino en acordarles: prohibición total del comercio internacional (Apéndice I); o bien comercio internacional sometido a estrictas condiciones aceptadas por todos los países miembros (Apéndices II y III).

Las Partes en CITES designan autoridades nacionales de aplicación encargadas de controlar las exportaciones y/o importaciones. Las actividades se coordinan por una Secretaría con sede en Ginebra, Suiza, que sirve además para facilitar el contacto entre las Partes y para llevar adelante los trabajos relativos a una aplicación eficaz del Tratado a nivel mundial.

Un tráfico con connotaciones alarmantes

El tráfico ilegal es de dimensiones tan sólo superadas por las de otros comercios ilegales como el de las drogas y armas y todos ellos utilizan vías similares de distribución y desarrollo, tanto en su concepción como en su ejecución. Este tráfico ilegal, que no atiende a regulaciones, busca beneficios millonarios y rápidos y es uno de los peligros más importantes para especies tan diversas como primates, felinos, algunas especies de loros y de reptiles, orquídeas, cactus y la lista no es para nada exhaustiva. Las rutas de ese contrabando, para burlar los controles aduaneros y los sistemas legales establecidos por los países miembros de la CITES son extremadamente complejas.

Cuando se comenzó a intercambiar documentos de exportación y de importación y a comparar las estadísticas nacionales de comercio aparecieron serias contradicciones y se descubrieron numerosos casos de falsificaciones con incluso ramificaciones hasta en el seno mismo de las autoridades nacionales encargadas de la aplicación de la Convención. Por ese motivo, en 1981 los países miembros deciden adoptar un primer paso fundamental a través de una resolución por la cual se armonizaban los documentos de exportación/reexportación/importación por medio de un modelo uniforme de formulario facilitando de esta forma el control internacional. Ese modelo uniforme: el permiso o certificado CITES es utilizado por todos los países miembros y es el primer elemento de control a la hora de verificar la procedencia de un determinado envío de fauna y flora silvestres incluida en los Apéndices de la CITES.

Desde julio de 1975, se ha recorrido un largo y difícil camino en la historia de la cooperación internacional para desbaratar las muy bien organizadas redes de tráfico ilegal de vida silvestre. En 1994, Interpol creó un Grupo de Trabajo sobre el crimen de vida silvestre, cuyo objetivo principal es luchar contra el comercio ilegal de especies amenazadas de fauna y flora silvestres mejorando el intercambio de información entre las Partes y la Organización Mundial de Aduanas también se une a esos esfuerzos.

La complejidad del tema requiere de un cuidado análisis y aún resta mucho por hacer. Sin embargo, se ha intentado una sistematización básica tratando de cernir cuáles son las partes y productos de animales y plantas que más comúnmente se comercializan en forma ilegal; de qué manera se contrabandean los animales vivos; cuáles son los países más damnificados por el comercio ilegal de especies amenazadas; cuáles son las rutas más frecuentes utilizadas por ese comercio ilegal y cuáles son los riesgos de ese comercio ilegal  para los países de origen de las especies y finalmente cómo se tratan de utilizar los documentos CITES para llevar a cabo ese comercio ilegal. Los países miembros se reúnen cados 2-3 años en diferentes Partes del mundo para comprobar la situación en la cual se encuentran las especies listadas en los tres Apéndices del Tratado y para considerar el caso de otras candidatas a ser protegidas según el grado de amenaza que se cierne sobre ellas, también analiza la situación de aquellas especies que gracias a la CITES se han salvado de una extinción segura: por mencionar un solo ejemplo, hoy podemos comprobar que de las 23 especies de cocodrilos que existen en el mundo todas ellas estaban en serio peligro en 1975, actualmente, por lo menos 18 de ellas han superado esa etapa, para las restantes el trabajo a llevar a cabo es aún un desafío.

Conclusión

La disminución de una especie lleva a la sobre explotación de otra. Los frentes de lucha para asegurar que el comercio de fauna y flora silvestres sea controlado deben desplazarse constantemente. Las fronteras se diluyen cada vez más y esto abre nuevas rutas para el contrabando. Si la situación precaria de numerosas especies animales y vegetales como el tigre, los rinocerontes, los gorilas, numerosas especies de orquídeas y de cactus demuestra algo, por cierto no es el hecho de que la CITES ha fracasado en su misión primordial sino que esta Convención sólo puede ser efectiva si los países miembros se dotan de los mecanismos apropiados para luchar contra el comercio ilegal. Ese comercio se desarrollará siempre mientras existan deficiencias en los controles tanto a nivel nacional como internacional. La pregunta no es si CITES es útil. De hecho lo es, y miles de especies se benefician con ella. Sino más bien ¿cómo puede CITES lograr ser más efectiva de lo que ya es? La respuesta es un mayor interés político en el tema de parte de aquellos encargados en tomar decisiones; cuando existen, una mejor observancia de las leyes nacionales que protegen los recursos naturales vivos y finalmente que los Gobiernos consideren la necesidad de establecer acuerdos regionales de colaboración para luchar en forma conjunta contra el comercio ilegal. La tarea de controlar el comercio internacional legal e ilegal de especies de fauna y flora es una inmensa tarea que ningún país puede llevar adelante solo.